El otro ‘boom’ latinoamericano es femenino

Una generación de autoras, como Samanta Schweblin, argentina, o la boliviana Liliana Colazi, se abre paso

 

La escritora argentina Samanta Schweblin, en 2015.

La escritora argentina Samanta Schweblin

El pasado 14 de junio fue importante para Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1977). Su novela, Distancia de rescate, era finalista en el Booker Man Internacional, uno de los premios anglosajones más importantes, donde no es habitual que un libro en español, escrito por una latinoamericana, compita. Schweblin no ganó, pero la pica ya estaba puesta. Era casi el final de un camino en el que ya habían aparecido críticas en The New York Times, una hazaña conseguida en los últimos tiempos por las también argentinas Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) y Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977).

No son los únicos hitos logrados por jóvenes autoras latinoamericanas recientemente. En España, la chilena Paulina Flores (Santiago de Chile, 1988) con Qué vergüenza; la boliviana Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981), con Nuestro mundo muerto, o la mexicana Laia Jufresa (Ciudad de México, 1983), con Umami,se han llevado algunas de las mejores críticas a libros publicados en los últimos meses.

“Es verdad que en el último tiempo ha habido una especie de boom, el ‘otro boom’ de alguna forma. Yo creo que tiene que ver con las editoriales, que están dando más cabida a las mujeres. De todas formas, soy de la opinión de que tiene que llegar un momento en que ser escritora no sea una novedad, no sea una sorpresa, y más allá de fijarnos en si es mujer u hombre, nos fijemos en la buena literatura”, apunta Flores, quien también observa el cariño y cuidado hacia su libro de relatos en su editorial española, Seix Barral: “Casi todas mis editoras o personas con las que he trabajado, encabezadas por la gran Elena Ramírez, son mujeres, así que me siento muy acompañada y las miro con mucha admiración”.

La mexicana Laia Jufresa también constata que “hay menos prejuicio” entre los editores para publicar a las escritoras, pero al mismo tiempo tampoco cree que haya que alegrarse demasiado por esta especie de fenómeno: “Que parezca que hay una ola no debe impedirnos ver que en realidad falta mucho más camino por andar. El trabajo de las mujeres se publica, reseña y traduce aún muchísimo menos que el de los hombres. Pasa literalmente en todo el mundo pero en español, dado que podemos leernos en tantos países, es más notorio. Los libros de una autora peruana, mexicana, uruguaya, etcétera, por lo general pueden leerse en su país y quizás en España, pero rara vez en los otros países de Latinoamérica”.

No obstante, Iolanda Batallé, una editora que ha publicado a Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977), en Rata Editorial, sostiene que este boom existe, pese a que las cifras de ventas no sean todo lo altas que se desearían —como sucedía en el de los años sesenta—, y que no solo tiene que ver con las latinoamericanas sino con las escritoras, en general. “Y el motivo es tan sencillo como poderoso: la curiosidad. Los lectores desean conocer más sobre ellos mismos y para ello es imprescindible leer también a las mujeres que escriben”, manifiesta. Además, según ella, llegará el día en el que los libros que más nos hayan marcado sean aquellos escritos por autoras: “Ellas tienen mucho más que decir por la simple razón de que aún no lo han dicho. ¿Cómo serían los cuentos de Borges si hubiera nacido mujer? ¿Y Rayuela? ¿Cómo hubiera contado una voz femenina la historia de Macondo? Hoy esas preguntas nos parecen extrañas, ¿no es cierto? Quizás pronto no lo sean”, apunta Batallé.

licados en los últimos meses. También la lista Bogotá 39, del Hay Festival, que elige a los mejores escritores de América Latina menores de 40 años, incluye a buena parte de estas escritoras junto a otras como las mexicanas Gabriela Jáuregui (Ciudad de México, 1979) y Brenda Lozano (Ciudad de México, 1981) o la ecuatoriana Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988). El número de hombres todavía supera al de mujeres en esta lista (26 frente a 13), pero lo cierto es que nunca antes se había visto este aluvión de publicaciones, premios y alabanzas en España (y no solo en sellos pequeños sino también en Penguin Random House, Seix Barral o Anagrama), América Latina y el mundo anglosajón, a novelas escritas por autoras procedentes del otro lado del charco. Después de los Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, entre otros, de hace más de cinco décadas, ¿hay un boom latinoamericano en femenino? Sigue leyendo

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Vos sabes

Hitler vive en Posadas y  Alvear. Está muy viejo y anda en  silla de ruedas. Lo llevo a pasear dos veces por semana. Cuando llego a su casa, saco la silla del baúl del auto y lo acomodo. Me deja 500 mangos de propina. Antes de irse, me guiña un ojo y me dice: “Vos sabes”.

©PatriciaGuzmán

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Fotografía: Francesco Romoli 

Antología: Cuentos Breves

Ya en mis manos la Antología: Cuentos Breves de UNM Editora. Y ahí, en página 72, mi cuento “Soñaba tan real”, bellamente ilustrado. Un placer y un gran honor.

“Los cuentos han sido elegidos en mérito a su calidad literaria y originalidad, por un prestigioso Jurado -conformado por Ana María Shua, Pablo de Santis y Leopoldo Brizuela- entre más de un centenar de obras presentadas por autores provenientes de todo el país y el exterior.”

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¡Gracias UNM! Presentación en la 42º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

 

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Rutina

DESPERTADOR
Se levanta enseguida cuando suena el despertador, no le gusta remolonear. Va al baño y baja rápido a tomarse un café, saluda a su señora y a los chicos y sale corriendo a la parada. El 97 está atrasado. Lo apretujan y se va deslizando hacia atrás, baja a dos cuadras del trabajo. Saluda al de recepción y se mete en la cabina a cambiarse. El traje le queda un poco apretado, le va a decir a Luisa que no haga más postres. Se ajusta la capa y sale a salvar el mundo.

El más rico del mundo

Al principio era novedoso y hasta excitante. Las riquezas del mundo estaban a sus pies, las mejores comidas, la ropa más fabulosa, los autos de lujo. Probó de todo, se extasió con todo y se hartó también. Cuando los meses pasaron y fue evidente que estaba solo en el mundo, se dio cuenta que no era feliz. Rumió por unos meses más sobre qué hacer, pero pronto la depresión se apoderó de él. Subió al edificio más alto de la ciudad: ya en la terraza observó la desolación del mundo sin habitantes. Se compadeció de si mismo y antes de llegar al borde, cerró los ojos, inspiró fuertemente y se largó en caída libre.
Cuando pasó por el sexto piso, sonó el teléfono.

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